La razón principal del fracaso de la ciencia médica moderna reside en que trata los síntomas y no las causas. A lo largo de muchos siglos, la verdadera naturaleza de la enfermedad ha venido siendo enmascarada por el materialismo, y de esa forma se le han dado todas las oportunidades de extender sus estragos, al no ser atacada en sus verdaderos orígenes. La situación es similar a la de un enemigo sólidamente fortificado en las montañas, que envía continuamente guerrilla tras guerrilla a asolar los campos vecinos, mientras los defensores, ignorando la guarnición fortificada, se contentan con reparar los edificios dañados y enterrar a sus muertos, resultado de las incursiones de los merodeadores. Así, hablando en general, está la situación de la medicina actual: limitada a reparar los daños provocados y a enterrar a los asesinados, sin dedicar siquiera un solo pensamiento a la verdadera fortaleza. La enfermedad no será curada o erradicada jamás por los actuales métodos materialistas, por la simple razón de que su origen mismo no es material. Lo que nosotros conocemos como enfermedad no es más que las últimas consecuencias generadas en el cuerpo: el producto final de la acción de fuerzas profundas y de larga data; y aun cuando el tratamiento físico por si solo parezca tener éxito, es solamente un alivio temporal, a menos que se elimine radicalmente la causa real. Las tendencias modernas de la ciencia médica malinterpretan la verdadera naturaleza de la enfermedad; al concentrarla en términos materialistas en el cuerpo físico, han incrementado tremendamente su poder: en primer lugar, por distraer los pensamientos de la gente de su verdadero origen, y por lo tanto de los métodos más efectivos de atacarla; y en segundo, por localizarla en el cuerpo, desvirtuando así las verdaderas esperanzas de recuperación y despertando un poderoso complejo de miedos enfermizos, que nunca debieron haber existido.
Extraído del libro “Cúrese usted mismo” del Dr. Edward Bach, Cap. 1